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El conjunto consta de cuatro figuras, algo mayor de tamaño del natural, en bronce. Cuatro cabezas también en bronce (alto relieve); tres paisajes en cerámica y los escudos de Andalucía, Sevilla y Mairena en bronce, cerrando el conjunto de los bajos relieves de Antonio y su madre.
En el análisis descriptivo del estudio de la composición del conjunto del Mausoleo, se ha de señalar que parte importante del mismo es reflejo de los deseos del propio Maestro, sobre todo en lo que concierne al simbolismo expresado por las cabezas de Manuel Torres, Joaquín de la Paula, la Niña de los Peines y Juan Talega, que según el propio Antonio fueron como sólidos pilares en su investigación del Cante Jondo, de ahí que queden “recogías” como auténtica cimentación de la obra de Antonio a la que llamó “Mairenismo”. Por ello, estas cuatro figuras legendarias para el flamenco y fundamentales en la carrera de Antonio, se representan en el Mausoleo como soportes o capiteles de pilastras que mantienen una obra, la cual Antonio Mairena adornó a través de su investigación y que llamó “cante gitano-andaluz”. La musa de este cante, aparece arriba de este conjunto portando en un brazo el escudo de la Fundación Mairenista que él mismo diseñó, y en la mano izquierda, la medalla de Bellas Artes.
La figura predominante es la de Antonio Mairena sentado en su cátedra, la silla de “nea”, y portando la Llave de Oro del Cante en una postura noble y gallarda, como impregnado de esa Razón Incorpórea de la que tanto nos habló. Flanqueando a éstas, otras dos esculturas símbolos del Cante Jondo y del Toque. La del Cante, la musa duende de Los Alcores, echada sobre el yunque de la “fragua de los Mairena”, que en silencio llora la singular ausencia y que aparece con un candil, simbolizando que la llama viva de Antonio está presente. El Toque, figura desnuda en actitud de acallar la guitarra por la muerte del Maestro.

En el análisis descriptivo del estudio de la composición del conjunto del Mausoleo, se ha de señalar que parte importante del mismo es reflejo de los deseos del propio Maestro, sobre todo en lo que concierne al simbolismo expresado por las cabezas de Manuel Torres, Joaquín de la Paula, la Niña de los Peines y Tomás Pavón, que según el propio Antonio fueron como sólidos pilares en su investigación del Cante Jondo, de ahí que queden “recogías” como auténtica cimentación de la obra de Antonio a la que llamó “Mairenismo”.
El mausoleo de Antonio Mairena se restauró con motivo del veinticinco aniversario de su muerte, en 2008. El cambio de posición de la figura central de Antonio Mairena para colocarlo en la cima del mausoleo, lugar que ocupaba la musa del cante gitano andaluz, es el cambio que se puede apreciar desde el exterior. La construcción de una escalera de acceso al interior del mausoleo y la construcción de las lápidas definitivas de Antonio Mairena y su hermana Rosario son los cambios interiores.

El soporte, de piedra tosca y que mantiene la obra en bronce, simboliza la zona de Los Alcores, en donde con el paso del tiempo, surge la cultura popular del pueblo de Mairena. Esta cultura, compuesta principalmente de su esencia agrícola, el Flamenco, la Feria y de los hallazgos arqueológicos aparecidos en la zona, está representada en los relieves de la base. Sobre estos cimientos y avanzando en el tiempo, Mairena del Alcor a través del esfuerzo, el trabajo y la investigación, va elevando su nivel cultural, el cual está recogido en la escultura superior, donde la figura de una mujer sostiene una máscara, que simboliza el Teatro y la Literatura, una lira romana, simbolizando la música, y el capitel jónico que está en el Castillo de Luna, representando la Arquitectura. Y de toda esta cultura, emana un manantial de conocimientos, que de manera alegórica sale como agua de la boca del Sileno, y un niño con gesto de beber de ese manantial, que simboliza las nuevas generaciones maireneras.

Monumento inspirado en el pasaje de Serafín Estébanez Calderón, donde el insigne escritor describe la escena de la feria de Mairena y su importancia en la época. De esta manera, los autores rescatan la feria antigua, para incorporarla a la feria de nuestros días, en un nuevo recinto. La figura central es una escultura ecuestre, en bronce, con un jinete vestido a la antigua usanza, y una grupa vestida de flamenca.
El monumento es el arranque de un arco, que simboliza los antiguos molinos de la vega de Mairena, y que tanta vida tenían en la época de esplendor de la Feria. Este arco sirve de soporte para representar en un relieve el chalaneo, que era negociar y regatear con el precio del ganado para conseguir ventaja. La fuente, con ocho caños, simbolizando la convergencia en Mairena de las ocho provincias andaluzas durante su celebración.
En el otro monolito, un relieve rememorando la venida a la feria de Mairena de gitanos, payos y feriantes, y en el frente, un bello relieve que resume de manera alegórica, la feria de Mairena como madre de la feria de Sevilla. En él aparecen dos mujeres; una de ellas, a la izquierda, Sevilla, desnuda y mirando a la otra figura con una mano extendida en demanda o súplica.
La otra figura, Mairena, completamente vestida con traje de feria, viste a Sevilla con una mantilla y además le entrega un clavel, como símbolo de experiencia y conocimiento. De esta manera tan elegante, queda reflejada que la feria sevillana fue creada a semejanza de la mairenera. Una característica de este magnífico monumento, es que está abierto, es decir, entre el arco y el hueco que forman los dos monolitos, el espectador puede transitar por la obra, consiguiendo que el monumento tenga vida, y además, que esté integrado en dos espacios, el recinto ferial y el parque municipal que se encuentra detrás de este.

Estatua de bronce, con la figura de Miguel Ángel en acción, en una carrera de atletismo intentando llegar el primero. El autor de la obra, tuvo la precaución de plasmar la elegancia con la que corría este atleta olímpico, encontrando el momento más estético de Miguel Ángel, y respetando la postura de sus brazos, pies y tronco.

Monumento dedicado a Miguel de Cervantes. Busto del célebre escritor y la cita de su obra “El coloquio de los perros” donde menciona el pueblo de Mairena del Alcor.

Escultura en piedra caliza, que representa a Mairena del Alcor en la figura de una mujer, vestida con matices andaluces, y con movimiento “gracil”, propio del gesto femenino. En su mano derecha porta naranjas, fruto típico de esta tierra, y con la izquierda se apoya en el escudo de Mairena, el cual encierra la dilatada historia de este pueblo, y que está cimentado sobre unas almenas, simbolizando el Castillo de Luna.
En el pedestal, relieves alusivos a escenas de la feria de Mairena en el siglo XVIII y XIX, donde ésta alcanza su máximo esplendor y en el frontal, una rotulación en bronce del libro “Escenas Andaluzas”, de Serafín Esteban Calderón, donde el escritor describe la feria de Mairena y sus vivencias en ella.

“Al cante grande gitano llevado a la más alta cumbre en alas del maestro Antonio Mairena.” Esta inscripción resumiría tan notable monumento, realizado en piedra caliza y bronce.
En el relieve, aparece la figura de una mujer con alas, Andalucía, que victoriosa ha conseguido que el Cante llegue hasta nuestros días. Extiende su brazo izquierdo, y en su mano sostiene la Llave del Cante obtenida por Antonio Mairena, y que está encima de la estrella de los vientos, como símbolo de expansión de los cantes de Antonio Mairena por todo el planeta. Al lado, una antorcha iluminando todo el poder, genialidad, creatividad y riqueza del célebre cantaor. La mujer apoya su pie sobre un escalón, el mismo que aporta Antonio Mairena en el Cante Jondo. El sol aparece brillando a toda la escena, influyendo en el ánimo y espíritu de toda Andalucía.
En el monolito, todos los palos que se dan en el Cante, y la figura de perfil de Antonio Mairena.

Grupo escultórico que se alza sobre una peana de granito, y rodeado por las aguas de una fuente de 24 chorros y 50 toberas de tipo lanza.
El conjunto consta de cuatro piezas en bronce: un hombre y una mujer ataviados a la usanza labriega de las décadas 50 y 60, de estilo expresionista, un olivo sacado al natural y cuyas hojas son de cobre recocido, y una espuerta. Sobre el olivo, una escalera en acero inoxidable y pintada.
Con este monumento, se rinde homenaje a la gran tradición agrícola que existe en Mairena del Alcor desde tiempos remotos.