La noche es ya
madrugada profunda cuando vuelve a su casa-hermandad de la calle San Bartolomé la Hermandad de la
Humildad. El Cristo de la Humildad, ese Cristo barroco de singular belleza y de excepcional
factura, recorre las singulares calles del casco antiguo de un pueblo que parece detenido en el
tiempo. El aire se muestra envidioso por la hermosura del rostro de la Virgen de los Dolores; por
cuyo delicado y fino rostro resbalan unas lágrimas que todo un pueblo venera y rinde pleitesía.
Procesión por callejas estrechas con sabor a historia.